viernes, 30 de abril de 2010

El color con que me miras...

El color con que yo miro...

No es que vea la vida de color de rosa, la vida se presenta de muchos colores y matices. Pero prefiero que mirando dentro de mi corazón sea con el color del amor universal.
- Bajo la persiana para que el Sol no te moleste en los ojos
- No, si no me molesta...
- Perdona, pensaba que te molestaba, es que te veo mucha luz en los ojos
- Es mi color de ojos...
- Ahh.., como te brillan tanto.. tienes un color miel muy dorado e intenso...

Así comencé ayer mi mañana, en la consulta de una amiga mía a la que fui a visitar para interactuar con nuestras terapias. Es curioso que cada persona podemos ver el color de la mirada de los ojos de diferente forma y apreciar sus diferentes matices.

A mi me gusta mirar a los ojos, en la mirada podemos ver y percibir muchas cosas. Sobre todo apreciamos sinceridad, en la mirada también se refleja el poder de convicción hacia los demás, también delatores de la no sinceridad.
Solo, solo quién penetra en tu alma, es capaz de aguantar tu mirada. Por eso hemos de ser conscientes que cuando miramos según y como a algunas personas, podemos descubrir, desnudar, ser descubiertos, ser desnudados..., incluso invadidos en nuestra intimidad más profunda y oculta.

Aprendamos a mirar sin dejar de ser corteses, pero protegiendo ése espacio nuestro tan intimo en el que solo se entra con invitación.

Mostremos nuestro gesto dulce y tierno con una mirada que automáticamente es acompañado de una bonita sonrisa...

Como me gustaría que me dijeras,
en que parte de tu mirada,
he quedado grabada...

Si observamos el iris de alguien que tengamos muy cerca, podemos apreciar formas y reflejos muy interesantes, incluso te puedes ver a ti mismo/ma en ése pequeño espejo que tienes enfrente.

No me canso de decirlo, mirarse al espejo es bueno, despeja..., dejarte llevar por tu mirada, entrar en ella. Llega un momento en que no percibes el contorno de tu cara, solo la profundidad de tu mirada. Y ahí, no hay nada ni nadie a quién engañar. Y le preguntas a tu mirada, representación de lo más profundo y escondido de ti: que siento.., porque siento ésto o tal cosa, y porque expreso lo contrario de lo que siento.
Que fuerza domina ahora en mi vida para querer llevarle la contraria a mi corazón?, o tal sentimiento..., o cual emoción, porque niego ante ti, mirada mía.., si se la verdad de todo ésto.

Es normal a veces, querer enmascarar nuestro YO o verdad, ya sea por miedos, por apariencia ante los demás, por las circunstancias de nuestras vidas...

Miremonos, porque ahí, en lo más profundo de nuestra mirada no nos podemos engañar, solo anestesiar los pensamientos o emociones que no queremos que nos delaten a veces.


Mirada mía, sigue recordándome mi verdad
no permitas que miradas engañosas
empañen mi realidad



2 comentarios:

Vilo dijo...

Hola, Mercé:

Decirte que he pasado por tu blog, buscador como soy de todo cuando pueda llenarme de Vida y darle sentido, y me ha sorprendido gratamente.

¡Tus palabras son un río de energía positiva!

Ya lo he recomendado a la persona que más amo a través del correo -te leerá ella si o si-. Realmente, palabras y experiencias como las tuyas merecen ser leídas, para comprender que la Vida y las relaciones humanas son facilísimas, y como somos las personas las que lo complicamos todo.

Venga, te dejo un abrazo muy amoroso, un saludo, y desearte de corazón que te vaya todo estupendamente genial en tu vida... ¡eres digna de merecerte eso y más!

Buen finde!

Vilo.

Mercè dijo...

Vilo, gracias...

No hay mejor cosa que compartir con quien amas... seguro que lo lee, yo escribo sobre mi y lo que me mueve y rodea, de mis algrías de mis desengaños, se que puedo ayudar con ésta forma particular de expresar en palabras a personas que necesitan leerse con mis vivencias.

Yo también te dejo orto abrazo y te deseo la felicidad que tu mereces, así como la satisfación de que hayan personas que muestren su empatía conmigo.

Si, creo que merezco más de lo recibido, pero la vida premiará...

Otro abrazo para ti y para quien amas...

Mercè